Peregrinación por Pan y Trabajo: la fiesta de San Cayetano

Peregrinación por Pan y Trabajo: la fiesta de San Cayetano

Escribe Mateo Pérez Bruno

En el barrio de Liniers se encuentra uno de los lugares centrales para la espiritualidad católica de todo el país: el Santuario de San Cayetano. Cada 7 de agosto, el templo se transforma en un punto de encuentro alrededor de una preocupación muy concreta: el trabajo. En 2026, esa preocupación volvió a aparecer tanto en las miles de personas que llegaron a pedir y agradecer como en el discurso del arzobispo Jorge García Cuerva y en la movilización que partió desde el barrio hacia Plaza de Mayo, bajo la consigna “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”.

A las 00:00 las puertas del Santuario de San Cayetano se abrieron en Liniers. Comenzaba así una de las jornadas más importantes del calendario del barrio. Durante todo el día, miles de peregrinos llegaron desde distintos puntos de la Ciudad y el conurbano para pedir y agradecer por pan y trabajo.

El lema elegido este año por el Santuario fue “San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo”. Y fue justamente a ese pueblo al que se refirió el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, durante la misa central. “Un pueblo esperanzado, que a pesar de las dificultades no pierde la fe, un pueblo cansado de promesas incumplidas, un pueblo que sigue creyendo que el trabajo es un derecho, que el trabajo es dignidad”, sostuvo.

Para quienes viven y trabajan en la Comuna 9, la celebración representa además una parte de la identidad de Liniers. Alberto Espiño, integrante de la Junta Comunal 9, destacó que San Cayetano “es parte de nuestra identidad, pero al mismo tiempo es una celebración que trasciende ampliamente al barrio”. Miles de personas llegan cada año para agradecer, pedir y renovar su fe, mientras que detrás de la jornada existe un trabajo comunitario que muchas veces no resulta visible.

“La organización me pareció excelente. Hay un enorme trabajo previo que muchas veces no se ve: muchísimos voluntarios y voluntarias que colaboran durante días para poder recibir y acompañar a la enorme cantidad de personas que se acercan al Santuario”, explicó Espiño.

La celebración combina así fe, solidaridad y organización. Pero este año volvió a tener también una fuerte dimensión social. Las palabras de García Cuerva durante la misa excedieron el marco estrictamente religioso y plantearon una lectura sobre la situación económica del país. El arzobispo describió al Santuario como un lugar donde los argentinos llevan “las angustias, los anhelos, las broncas acumuladas, la impotencia, la esperanza y también los agradecimientos”.

En ese contexto, una de sus frases más contundentes fue también una de las más sencillas: “El sueldo no alcanza”. García Cuerva cuestionó lo que definió como una resignación “pasiva y silenciosa” frente al aumento del costo de vida y mencionó específicamente el transporte público, las tarifas, los alquileres y los alimentos. También alertó sobre el endeudamiento de las familias y habló de “la trampa de los créditos que endeudan y asfixian”.

“El pueblo está cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres pero no están cerca de sus necesidades”, sostuvo en otro tramo de la homilía. La crítica también alcanzó a la dirigencia política: afirmó que existe “una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie”.

Aunque no convirtió la misa en un acto partidario ni centró su discurso en un dirigente determinado, sus palabras se dieron en un contexto político en el que el Gobierno nacional tiene a la libertad económica como uno de sus principales ejes. En ese sentido, García Cuerva citó al papa León XIV para sostener que la libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse en función del bien común y de la dignidad de cada persona.

La preocupación por el empleo tiene además un contexto concreto. Según los últimos datos publicados por el INDEC, la desocupación alcanzó el 7,8% de la población económicamente activa durante el primer trimestre de 2026, mientras que la subocupación llegó al 11,1%. El índice de salarios, por su parte, registró en mayo una variación interanual del 35,9%.

Más allá de las estadísticas, el reclamo por el trabajo volvió a verse durante la tarde en las calles. Desde Liniers partió la tradicional movilización de San Cayetano hacia Plaza de Mayo, este año bajo la consigna “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”. La marcha, que cumplió diez años desde su primera edición, reunió a organizaciones de la economía popular, la UTEP, la CGT, las dos CTA y otros espacios sociales y políticos.

Para Espiño, la movilización expresa “una tradición de lucha alrededor de una consigna elemental para el pueblo: pan y trabajo”. El recorrido tuvo como destino final Plaza de Mayo y convirtió al barrio, nuevamente, en el punto de partida de un reclamo que atravesó toda la Ciudad.

La marcha no fue una escena aislada de la celebración religiosa. Durante la jornada, ambas expresiones compartieron una misma preocupación: el trabajo y las condiciones necesarias para que una familia pueda sostener su vida. En el Santuario, esa preocupación apareció en las oraciones, las promesas y las herramientas de trabajo llevadas para ser bendecidas. En las calles, se expresó mediante banderas, consignas y reclamos políticos.

Mientras miles de peregrinos llegaron a Liniers desde la fe, las organizaciones llevaron el reclamo hasta el centro político del país. Pero el punto de partida fue el mismo: Liniers.

Cada 7 de agosto, el barrio se transforma durante unas horas en un punto de encuentro para miles de personas que llegan desde distintos lugares. La celebración de San Cayetano funciona así no solamente como una tradición religiosa, sino también como una fotografía de las preocupaciones sociales de cada momento. En 2026, esa fotografía estuvo marcada por una palabra que apareció dentro del Santuario y volvió a escucharse durante la marcha: trabajo.

Trabajo como derecho, como dignidad y como necesidad cotidiana.

“San Cayetano no es solamente una celebración religiosa. Es también una expresión de fe, solidaridad, organización y esperanza, pero al mismo tiempo un lugar donde se hacen visibles las necesidades y los reclamos de nuestro pueblo”, resumió Espiño.

Entre la fe y la política, entre la esperanza y el reclamo, San Cayetano volvió a poner al trabajo en el centro de la escena. Y, una vez más, fue Liniers el lugar donde esas voces se encontraron.

 

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