Escribe Mateo Pérez Bruno
En enero de 1959, el Frigorífico Lisandro de la Torre fue escenario de uno de los episodios más significativos de la historia de Mataderos. Sus trabajadores ocuparon el establecimiento en rechazo al proyecto de privatización impulsado durante el gobierno nacional y comenzaron una huelga por tiempo indeterminado. La medida rápidamente trascendió las paredes del frigorífico y contó con el apoyo de vecinos, comerciantes e instituciones del barrio. Finalmente, en la madrugada del 17 de enero, fuerzas policiales, de Gendarmería y del Ejército desalojaron la toma con el despliegue de tanques, dejando decenas de detenidos y heridos.
Más de seis décadas después, aquella historia vuelve al barrio de una manera diferente: a través de una sala de escape. La Toma recupera el episodio del frigorífico mediante enigmas, desafíos y juegos pensados para acercarlo a nuevas generaciones. La experiencia comenzó el 2 de septiembre en la Casa Patronal San José, Fonrouge 2865, y se extenderá hasta el 22, con propuestas destinadas principalmente a instituciones educativas y también al público general.

La idea de convertir un episodio de la historia de Mataderos en una experiencia de este tipo surgió de un trabajo que su creador, Daniel Ros, ya venía desarrollando en las aulas. Profesor de Lengua y Literatura, nos cuenta que desde hace varios años utiliza salas de escape y juegos como herramientas pedagógicas para trabajar géneros literarios y autores como Borges y Cortázar.
Cuando surgió la posibilidad de presentar un proyecto a Mecenazgo Cultural, Ros decidió llevar esa experiencia hacia una propuesta vinculada con el barrio. La intención era combinar las salas de escape con un hecho concreto de la historia local, y así apareció la Toma del Frigorífico Lisandro de la Torre como disparador.
“Uniendo esas dos ideas, sala de escape y el barrio, fue que se nos ocurrió pensar en un hecho puntual”, cuenta Daniel Ros.
El resultado es una experiencia construida junto a jóvenes profesionales, voluntarios e instituciones de Mataderos, que busca que los participantes no solamente conozcan lo ocurrido en 1959, sino que puedan acercarse a la historia a través del juego.
Para las instituciones educativas, la propuesta está organizada en tres momentos y tiene una duración total aproximada de dos horas. Primero, los estudiantes recorren una instancia histórica que combina información y juegos vinculados con la Toma del frigorífico. Luego participan de una mesa de desafíos y juegos de habilidades relacionadas con las capacidades que deberán poner en práctica dentro de una sala de escape. Finalmente llega el momento de ingresar a la sala propiamente dicha.
Como los cursos suelen ser numerosos, se dividen en tres grupos de diez que van rotando por las distintas actividades. La experiencia está pensada principalmente para grupos que van desde sexto grado de primaria hasta segundo año de secundaria.
Para el público general, en cambio, la experiencia se concentra en la sala de escape, con una duración aproximada de 30 minutos. Luego, los visitantes pueden recorrer libremente el espacio dedicado a la parte histórica.
Más allá del juego, el proyecto tiene una intención histórica concreta. Ros señala que uno de los objetivos es que los participantes puedan llevarse la importancia de defender los propios derechos y comprender el papel que tuvo la unión de los vecinos de Mataderos alrededor de la causa del frigorífico. También buscan recuperar el legado de una de las consignas asociadas a aquella resistencia: “Patria sí, colonia no”.

Para Ros, la propuesta permite que las generaciones más jóvenes conozcan una historia que forma parte de la identidad del barrio y se acerquen también a la importancia que tuvo el frigorífico en la vida de Mataderos, sus tradiciones y las formas de organización y solidaridad que existieron alrededor de él.
Pero el proyecto también busca generar un espacio cultural propio para el barrio. La intención es que los vecinos puedan acceder a propuestas creativas sin tener que trasladarse a otros puntos de la ciudad y, al mismo tiempo, que Mataderos pueda producir nuevos contenidos culturales vinculados con su propia historia.
Los primeros días de funcionamiento parecen haber confirmado las expectativas del equipo. Según Ros, la agenda de instituciones educativas para las tres semanas de actividad está “casi llena”, mientras que la sala también comenzó a recibir público general durante los sábados.
La respuesta fue tal que el equipo ya analiza la posibilidad de extender la propuesta durante octubre o noviembre. Para hacerlo, actualmente se encuentra en la búsqueda de sponsors y de un espacio que permita continuar con la actividad una vez finalizado el período inicial.
La Toma nació a partir de la combinación entre una herramienta pensada para aprender jugando y el deseo de recuperar una historia profundamente vinculada con Mataderos. Más de sesenta años después de aquella madrugada de enero de 1959, el frigorífico vuelve a ser protagonista de una experiencia colectiva. Esta vez, en lugar de barricadas y tanques, hay pistas, desafíos y jóvenes intentando reconstruir una parte de la historia de su propio barrio.
Para conocer más sobre la propuesta y consultar las actividades, se puede seguir a @latoma.escape en Instagram.
