Recuperar la memoria, preservar el patrimonio, fortalecer la identidad

Recuperar la memoria, preservar el patrimonio, fortalecer la identidad

Escribe Mateo Pérez Bruno

¿Qué queda de un hospital cuando el edificio ya no existe? En Mataderos, parte de la respuesta sobrevive en fotografías, documentos, instrumentos médicos y recuerdos de varias generaciones de vecinos. El Hospital Juan F. Salaberry fue demolido, pero su historia continuó en buena medida en el Hospital General de Agudos Donación Francisco Santojanni, que recibió a muchos de sus profesionales. Ahora, médicos, trabajadores de la salud, museólogos y vecinos buscan recuperar un proyecto creado para conservar esa memoria: el Museo Salaberry-Santojanni.

La iniciativa comenzó durante la presidencia del doctor Alejandro Héctor Rodríguez en la filial Santojanni de la Asociación de Médicos Municipales. Rodríguez, médico pediatra que trabaja en el Santojanni desde 1991, recuerda que la idea surgió junto con profesionales provenientes del Salaberry y otros integrantes del hospital. Entre ellos tuvo un papel central el doctor Ernesto Gutfraind, médico de guardia del Salaberry, clínico y reumatólogo que había ejercido la jefatura del Departamento de Medicina. Rodríguez también destaca a la doctora Victoria Bronzatti, quien contactó a Zulema Cañas, museóloga y presidenta del Foro de la Memoria de Mataderos, para colaborar en la formación del museo.

El objetivo era preservar la historia de dos instituciones profundamente vinculadas con Mataderos y Liniers. Para quienes impulsaron el proyecto, no se trataba simplemente de reunir objetos antiguos: instrumentos, fotografías, documentos y recuerdos de los profesionales podían convertirse en testimonios de la evolución de la medicina, la ciencia y la salud pública argentina.

A la iniciativa se sumaron numerosos trabajadores del Santojanni. Rodríguez menciona, entre otros, a la doctora Liliana Gagliardi, Andrea Cortés, Adriana Lucho, Jorge Bustos (h), los doctores José Luis Echave, Guillermo Fernández y Luis Parada, la técnica Sandra Ledesma y Sergio Dadino. También participaron médicos jubilados y en actividad y trabajadores que donaron objetos personales vinculados con la práctica profesional. El proyecto recibió además colaboración económica del Mercado de Liniers S.A. y del Centro de Consignatarios de Productos del País.

Según la fecha que Rodríguez se encuentra verificando en la documentación, el museo fue inaugurado el 19 de octubre de 2015, en el marco de las Jornadas Científicas del Hospital Santojanni. Funcionó dentro del hospital, en una sala acondicionada para tal fin y comunicada con la Biblioteca. Parte de la colección también se exhibía en sus vitrinas.

La muestra reunía fotografías, documentos, instrumentos médicos y diferentes elementos vinculados con ambos hospitales. Las mismas aportaban además una mirada sobre la transformación del barrio. Algunas imágenes aéreas permitían observar no solamente los edificios hospitalarios, sino también lugares como la zona de Cafayate y Patrón décadas atrás.

Los instrumentos médicos tenían otro valor: permitían reconstruir la evolución de la práctica sanitaria. Los elementos provenientes del Salaberry conservaban la memoria material de un hospital que ya no existe, mientras que los objetos antiguos del Santojanni permitían observar los cambios producidos en la medicina. En particular, Rodríguez considera significativo recuperar elementos correspondientes a la primera etapa del Santojanni, cuando funcionaba como hospital especializado en tuberculosis.

La historia de ambas instituciones explica buena parte de su importancia para la Comuna 9. El Salaberry fue durante décadas un hospital de referencia para Mataderos y Liniers. Su cierre y posterior demolición durante la última dictadura militar significaron la desaparición de un edificio profundamente incorporado a la identidad barrial. Muchos de sus profesionales pasaron al Santojanni.

El vínculo se hizo todavía más estrecho en 1981, cuando el Santojanni, fundado en 1940 como hospital para pacientes con tuberculosis, se transformó en un hospital general de agudos. La institución recibió entonces profesionales provenientes del Salaberry y de otros hospitales porteños.

Para Rodríguez, esa continuidad forma parte de la historia de la medicina y del sanitarismo argentino. Entre los recuerdos que considera recuperables aparece también la campaña contra la poliomielitis de 1956. Rodríguez, autor de un libro sobre aquella epidemia, sostiene que el Salaberry tuvo un papel destacado en la aplicación de la vacuna Salk. El dato se encuentra pendiente de verificación documental.

Pero el proyecto del museo no logró consolidarse. Rodríguez explica que se realizó un inventario de los elementos reunidos, aunque no llegó a completarse el proceso de inscripción y patrimonialización. Por eso define aquella primera experiencia como un embrión, un puntapié inicial que permitió reunir una colección pero que no llegó a convertirse en una política institucional permanente.

Con el cambio de conducción de la filial de la Asociación de Médicos Municipales, el museo dejó de formar parte de las prioridades institucionales. Según Rodríguez, los objetos fueron conservados, pero la sala comenzó a utilizarse también para almacenar elementos de uso cotidiano ajenos a la colección. El proyecto quedó “congelado”.

El problema, además, no era solamente institucional. El Santojanni creció y con él aumentaron los servicios, el equipamiento y el personal. El espacio dentro de un hospital en funcionamiento se volvió cada vez más necesario para la atención de los pacientes. La ubicación original del museo, en un sector relacionado con internación obstétrica, ginecológica y neonatología, tampoco resulta adecuada para recibir visitantes externos.

Por ese motivo, la recuperación actual apunta a encontrar un espacio fuera del hospital. Rodríguez considera que el museo podría instalarse en Mataderos o Liniers, lo que permitiría que el patrimonio de ambos hospitales pueda ser conservado y visitado por la comunidad.

El proyecto comenzó recientemente a tomar una forma más concreta. Rodríguez mantuvo una reunión con el actual presidente de la filial Santojanni de la Asociación de Médicos Municipales para avanzar en la recuperación de los elementos que integraron la colección. La primera tarea será reunir y organizar nuevamente el patrimonio; luego será necesario encontrar un espacio adecuado para conservarlo y exhibirlo.

La propuesta contempla formar una comisión integrada por trabajadores del hospital, profesionales vinculados con el patrimonio y representantes de la comunidad. Rodríguez menciona entre quienes podrían participar a Zulema Cañas y a Marcelo Pizarro, vinculado al área de Patrimonio Cultural de hospitales del Gobierno de la Ciudad, además de médicos y trabajadores que participaron de la creación original del museo.

Zulema continúa siendo una de las principales impulsoras de la iniciativa. Desde su participación en la creación del museo, su trabajo estuvo relacionado con la preservación de la memoria de los hospitales y de los barrios que los rodean. Para ella, recuperar ese patrimonio significa también preservar la identidad de la comunidad.

El proyecto cuenta además con el acompañamiento de profesionales del Santojanni. Rodríguez destaca al doctor Sergio Auger, director del hospital durante la creación del museo y actualmente Director General de Hospitales de CABA; al doctor Federico Charabora, entonces subdirector y actualmente titular de la Dirección del Santojanni; y al doctor Carlos Falco, subdirector del hospital, a quien agradece su respaldo a las tareas vinculadas con la recuperación del patrimonio histórico y cultural.

Para quienes impulsan la recuperación, conservar estos objetos significa preservar la historia de personas que nacieron, se atendieron, trabajaron o fueron vacunadas en esos hospitales. También significa recuperar la memoria de una institución que ya no existe físicamente.

Mataderos y Liniers cambiaron junto con sus hospitales. Algunas generaciones recuerdan el Salaberry; otras solamente conocen su historia por fotografías y relatos familiares. El Santojanni, en cambio, continúa funcionando y conserva dentro de sus paredes parte de aquella continuidad.

Por eso, la discusión sobre el museo no se reduce a unas vitrinas, fotografías o antiguos instrumentos médicos. Se trata de decidir qué lugar ocupa el patrimonio de la salud pública en la memoria de una comunidad y qué sucede cuando una institución profundamente ligada a la identidad barrial desaparece.

“Preservar y difundir la historia de los barrios Mataderos-Liniers que componen la Comuna 9 es de vital importancia por lo que significa de identidad de las comunidades”, sostiene Zulema. Y resume el espíritu de la iniciativa con una frase: “Sin historia no hay futuro”.

El Salaberry ya no existe como edificio y el Santojanni continúa funcionando. Entre ambos permanece una historia de médicos, trabajadores, pacientes y vecinos que atravesaron generaciones. Recuperar el museo significa intentar que esa historia no quede reducida a objetos guardados, sino que vuelva a convertirse en patrimonio compartido y accesible para la comunidad.

 

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