Cuenca Cildáñez: ¿Participar o ser consultados? Parte 3

Cuenca Cildáñez: ¿Participar o ser consultados? Parte 3

Fabio Oliva, Arquitecto especializado en planificación-gestión participativa, integrante de Cuenca en red, desarrolla en este artículo una reflexión sobre la participación ciudadana en la definición de las políticas públicas y las intervenciones sobre el territorio urbano. Debido a su extensión, y su riqueza en el tratamiento del tema, decidimos publicarlo en tres partes que si bien ponen énfasis en diferentes aspectos de la cuestión configuran un texto único. La primera parte se puede encontrar en https://barrioscomuna9.com.ar/cuenca-cildanez-participar-o-ser-consultados-parte-1/ y la segunda en https://barrioscomuna9.com.ar/cuenca-cildanez-participar-o-ser-consultados-parte-2/

¿Participación antes o después de las decisiones?

Aquí vuelve la cuestión de las Audiencias Públicas.

El 13 de agosto de 2025, organizaciones vinculadas al territorio participaron de una reunión con la Subsecretaría de Ambiente de la Ciudad en la que se presentó el Proyecto GEF 7 y se informó sobre sitios que serían intervenidos de manera participativa.

En esa reunión se planteó la necesidad de acordar una metodología de trabajo. Desde Cuenca en Red se elaboró y envió una propuesta orientada a encontrar puntos en común, construir consensos y avanzar en el codiseño.

La respuesta no llegó. Un año después, aparece la Audiencia Pública.

El problema no es que exista la Audiencia. El problema es en qué momento aparece la participación.

Si los actores territoriales son convocados cuando el proyecto ya está elaborado y el Estudio de Impacto ya fue producido, su capacidad de incidir es necesariamente diferente de la que tendrían si hubieran participado en la definición de los problemas, las alternativas, las prioridades y las características de las intervenciones.

La diferencia es sustancial. Una participación posterior puede modificar aspectos de una propuesta. Una participación temprana puede contribuir a construir la propuesta.

El Estudio de Impacto también puede ser una herramienta de gestión asociada

Algo similar ocurre con los Estudios de Impacto Ambiental.

No deberían ser entendidos exclusivamente como documentos técnicos destinados a determinar si una obra cumple o no determinadas condiciones ambientales. Pueden ser mucho más que eso. Pueden convertirse en instrumentos para hacer visibles las relaciones territoriales, identificar conflictos, incorporar conocimientos locales, discutir alternativas y construir compromisos de gestión y monitoreo.

En el caso de Lago Lugano, el propio expediente contiene elementos que permitirían avanzar en esa dirección.

Reconoce la relación de la Reserva con el Cildáñez. Reconoce una red amplia de instituciones y organizaciones vinculadas al territorio. El Plan de Gestión incluso plantea objetivos que exceden los límites estrictos de la Reserva y propone conexiones ecológicas y territoriales más amplias.

Sin embargo, el Estudio de Impacto tiende a concentrar su análisis en el área del proyecto y sus áreas de influencia.

Allí aparece una oportunidad perdida: el Estudio podría ser una herramienta para pensar la Reserva dentro del Biocorredor Cildáñez.

También quedan preguntas técnicas que merecen ser discutidas. El proyecto incorpora nuevas infraestructuras, senderos, pasarelas, espacios educativos y sectores destinados a humedales experimentales. Pero el propio expediente señala que, al momento de realizar el estudio, todavía no estaban disponibles los proyectos ejecutivos definitivos.

Además, el expediente contempla sistemas de tratamiento de efluentes en un sector donde no existe red cloacal y existen conducciones hacia el área del arroyo.

No se trata de afirmar que esas instalaciones necesariamente producirán contaminación. Se trata de preguntar qué indicadores se van a monitorear, con qué frecuencia, en qué puntos y con qué mecanismos de acceso público a esa información.

Porque la participación también debe continuar después de la obra.

De la participación formal a la gestión asociada

La experiencia de la Cuenca Cildáñez permite plantear una discusión que excede esta Audiencia Pública.

Una democracia ambiental efectiva no puede limitarse a informar a la ciudadanía, abrir un período de inscripción, realizar una audiencia y recibir opiniones.

Todo eso es necesario, pero puede no ser suficiente.

La cuestión es qué ocurre después con los conocimientos, las propuestas y los compromisos que surgen de esos espacios.

La gestión asociada supone otra cosa: reconocer que existen capacidades fuera de las estructuras estatales; incorporar a los actores territoriales desde el inicio; compartir información; discutir alternativas; tomar decisiones y establecer mecanismos de seguimiento.

La experiencia del Parque Avellaneda demuestra que esto no es una utopía. La MTC construyó durante años un ámbito institucional para hacerlo posible. La experiencia de Villa Cildáñez, el trabajo alrededor del ex Mercado de Hacienda y el desarrollo de Cuenca en Red son parte de un mismo aprendizaje territorial.

Por eso, la discusión que plantea Lago Lugano no debería reducirse a si una obra se aprueba o se rechaza.

La pregunta más profunda es qué modelo de gestión ambiental queremos construir.

Uno en el que la participación sea un requisito que se cumple cuando las decisiones ya están suficientemente definidas o uno en el que las Audiencias Públicas y los Estudios de Impacto sean verdaderas oportunidades para democratizar la gestión del territorio.

La Cuenca Cildáñez tiene una propuesta concreta para esa discusión, algo que este a la altura de los desafíos ambientales, de la historia y el compromiso de participación de los actores de nuestro territorio.

* El artículo “Cuenca Cildáñez: ¿Participar o ser consultados?” se publicó en el Portal Contraeditorial

 

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